domingo, 29 de marzo de 2015

HABLEMOS DE FOBIAS




Es un tema bastante controversial, hay que  diferenciar entre ser una persona miedosa, hay personas que evitan las películas de terror o son en exceso precavidos con los extraños. Esto no se considera una fobia propiamente.

La forma en la que el cerebro asocia que ciertos elementos representan un peligro para él, es curioso. No deseo abordar el tema desde un punto burlón porque tenerle miedo a algo  que parece tonto sin poder controlarlo, debe ser complicado.

Existen diferentes fobias que en cada persona las reacciones  son diferentes, en este caso me centrare en  una de las fobias más comunes como es el miedo a la obscuridad.  Este miedo a la obscuridad como se lo ha conocido  siempre se llama Nictofobia.

Una vez que se oculta  el sol y se apagan las luces del hogar, aparece el miedo a lo que hay donde no se ve. Puede ser un ruido, la percepción de una sombra o cualquier otro suceso “tenebroso” lo que es la Nictofobia, el miedo irracional a la noche o a la oscuridad.




La enfermedad se presenta comúnmente en niños, pero puede continuar cuando se alcance la vida adulta si no se abordó correctamente a tiempo. En ambos casos será día tras día una misma pesadilla vivida con ojos bien abiertos.

Esta enfermedad que relaciona etimológicamente a Nix, la diosa de la noche, con Fobos, el dios del terror, es un padecimiento casi tan antiguo como la humanidad misma.

Ante un episodio de nictofobia se presentan síntomas tales como sudoración, aumento del ritmo cardíaco, cistitis, vómitos y mareos, bloqueo del pensamiento, entre otros asociados a los trastornos de ansiedad. Y si no es tratada a tiempo, a mediano plazo la enfermedad conduce a la pérdida de sueño, un incremento del estrés e incluso enfermedades físicas.

Los motivos más comunes que generan estos miedos son generalmente infundados por los padres ya que por dar a sus hijos un castigo crean miedos innecesarios.


POR: ERIKA PUENTE


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